Corría la España de los años 20 cuando algunos fabricantes de la zona levantina como Juan Sempere o su predecesor muñequero Ramón Mira Vidal, se lanzaron en la apasionante aventura de hacer muñecas a la semejanza de aquéllas que lucían por Europa. Usando materiales rústicos como el cartón o la terracota, llenaron los sueños de las niñas más pudientes que podían acceder así a algo más que a las típicas peponas sin expresión.
Nació así esta hermosa muñeca. Siempre estuvo en una misma familia, nadie supo de ella hasta que en un armario de una vieja casa heredada fue encontrada.
Estaba muy sucia, sus gomas vencidas, le faltaba la peluca que un día debió lucir, y me miraba con aquellos inmensos ojos azules de cristal, que me recordaron a los ojos franceses, como diciéndome, ponme guapa otra vez.
Es preciosa, tiene el típico cuerpo rústico de cartón piedra de la época, muy bien conservado, sí repasé la pátina algo gastada de sus manitas, nada más, el resto, fue limpieza del polvo y la mugre acumulada de los años.
Ella tiene una cara divina, con una mirada dulce escondida tras unos enormes ojos azules de cristal.
Es muy grande ya que su cuerpo es robusto y mide 58cm.
Va vestidita con un antiguo vestido de algodón con frunce en la cintura, enagua, medias, pololos, zapatitos, y una hermosísima capotita ribeteada con un enorme encaje antiguo.
Precio: 425 €