HISTORIAS REALES DE MUÑECAS

Tras los ojos cristalinos de cualquier muñeca, alguien dibujó una historia alguna vez, y en ella se fueron fraguando recuerdos, caricias, juegos, todo un mundo de ilusiones una generación tras otra... Y ahora están en casa, y vuelven a prestarnos sus sonrisas, a mirarnos sin recelos, a dejarse que lavemos su viejo harapo de raso y acicalemos su pelo... dispuestas una vez más, a dejarse querer sin condiciones a cambio de nada.

Si quieres contarnos la historia de alguna muñeca y enviarnos alguna foto, puedes escribirme a mi correo electrónico: teresamartin@teresamartin.org , y la compartiremos todos.

 
El bebé de aquella foto... 80 años después

 

 

Cuando Beatriz me escribió para consultarme si podía acicalar y poner guapo otra vez a su muñeco, en aquel correo, junto a las fotos de su estado actual, me enviaba una foto antigua, me emocioné tanto al verlo, que le rogué que me contase su historia.

En poquitos días él volverá a estar guapo, y lo vestiremos con un trajecito como aquel de antaño y el destierro de 80 largos años habrá quedado reducido a un breve tiempo de espera. Aquí os dejo íntegra la carta que Beatriz me ha enviado, es una historia muy bonita.

 

 

Carta de Beatriz

"Hace unos años heredé algunas cosas de la hermana de mi madre, entre ellas, papeles personales, fotografias etcétera, en un primer momento todo se quedo guardado en un cajón que de vez en cuando  abría y poco a poco fui descubriendo su contenido. Entre todo ello estaba esa fotografia, si bien en un principio no me llamó la atención si lo hizo hace cosa de 4 meses, por lo que decidi ponerla a la vista en una estantería..La foto  es de diciembre de 1928 y esta mi Madre, con 9 años,  con su hermano, al que tanto recordaba y que mataron después  en la guerra.   Mi Madre nunca nos había hablado de la existencia de la muñeca, incluso yo cuando vi la foto creí que puesto que se trataba de una foto hecha en un estudio, la muñeca seria del fotógrafo.   Mi Madre falleció hace casi 2 años; tenia 88 años, es decir murió viejecita.   El 29 de julio de este año 2009, especifico la fecha porque, ¡coincidencia! , es el día de mi santo, "Santa Beatriz", y mi madre le daba mucha importancia a los santos, mi hermana y yo fuimos a vaciar los armarios personales de mi Madre, y en uno de ellos dentro de un viejo saco de tela apareció la muñeca que había conservado con ella desde que era una niña. 80 años,o más,  y sin decirnos nada nunca. Ya puedes imaginarte mi sorpresa al ver aparecer ante mi un objeto que yo había visto en una foto de 1928 en brazos de mi madre cuando era pequeña y que hacía escasos meses que había redescubierto en el fondo de un cajón lleno de recuerdos. Parecía un cuento  fantástico, la confluencia de la imagen, el recuerdo, la añoranza por los que se fueron y la irrupción del objeto traspasando los años para convertirse en algo real, como un puente por encima del tiempo y del espacio a través de las generaciones. Un pequeño trozo de inmortalidad. Mi hermana no la quiso, esta claro que era el regalo que  mi madre me hacía por mi santo. Yo soy agnostica, pero mi Madre y mi Tia me mandan tantos mensajes que creo que al final tendre que reconocer que existe el mas allá.  Un abrazo. Beatriz "

 

El bebé de la mamá de Beatriz ochenta años después

Gracias a mi amigo Nacho de cabo por la confección de su trajecito de marinero y a Beatriz por confiarmelo.

(gracias Beatriz.)

La muñeca de la habitación cerrada

Una mañana hace algunos años, entró en la tienda de manualidades de mi amiga Adriana, una señora con una muñeca en una bolsa. -¿podría hacer algo por ella?, y le contó su historia:

allá por los años 30, un matrimonio la compró para su hija como regalo por su Primera Comunión, pero la pobre niña nunca llegó a verla, ya que murió enfermita unos días antes. Sus padres desolados sentaron la muñeca sobre su cama y cerraron la puerta de la habitación, que nunca más se abrió. Pasaron más de sesenta años, y tras la muerte del único hijo ya muy anciano, se ordenó la limpieza de aquel cuarto a esa señora en vistas de la venta de la casa. Aterida entró en la habitación polvorienta y oscura, la cogió y la metió en la bolsa. Por delante su pelo gris se deshacía al tacto, por detrás, de haber estado apoyada sobre el cabecero de la cama aun se vislumbrabra su rubia cabellera de mohair, llevaba una faldita y chaquetita de lana, nada más tocarlo, el material comenzó a descomponerse, la chica, lo pensó mejor, ¡quédesela, no la quiero!, y se marchó...

Adriana la devolvió a la vida, ahora es una de sus niñas más queridas, al menos con ella, ya no volverá a ser presa del polvo y del olvido.

(gracias Adriana)

Una Boudeour con sorpresa

Ivan la vio por Internet, me comentó que al verla le llamó la atención su mirada triste, como si estuviese esperando a que alguien fuese a por ella, estaba muy deteriorada y sucia, pero la compró. Nada más recibirla, la desnudó y comenzaron las sorpresas. Algo extraño percibió en una vieja costura en su barriga, la descosió y dentro de ella había una especie de saquito, lo sacó de la muñeca, y lo abrió, envuelto en un viejo pañuelo blanco se encontró con toda una munición de balas y ... un pequeño revólver. Al separar la cabeza para limpiar su carcoma, encontró escritos donde la fechaban hacia 1923 en lo que parecía una antigua foto de bodas. Ambos llegamos a la conclusión de que al estallar la guerra civil guardaron en ella el arma y las balas, y más nunca nadie supo que aquello estaba allí.

(gracias a Ivan Santana por contarnos su historia y compartir sus fotos).

La Monjita de la celda

Durante décadas estuvo guardada en una caja de zapatos. Cuando Dolores la sacó de ella se encontró con una muñequita en un estado lamentable, le faltaba gran parte del duco y el resto se le caía a trocitos. Había pertenecido a una tía suya que había sido monja, la muñequita aun conservaba su celda original, pero había que sacarla del olvido de la caja de zapatos y el deterioro. La restauramos y Dolores le confeccionó su nuevo hábito ya que el original se deshizo nada más tocarlo.

(gracias a Dolores Crespo por la historia y por la foto)

La muñeca del holocausto

Los padres de Zofia Burowska le regalaron esta muñeca antes de la guerra y la mantuvo con ella en los ghettos de Wolbrum y Cracovia en Polonia. Zofia fue deportada a un campo de concentración de trabajos forzados para judíos cerca de Cracovia, fue entonces cuando sus padres dejaron la muñeca confiada a unos amigos no judíos. Más tarde Zofía sería llevada al campo de Skarzysko-Kamienna (también en Polonia) y después al campo de concentración de Buchenwald en Alemania, donde fue liberada. Después de la guerra, volvió a Cracovia y retiró su muñeca. Trabajó durante el resto de su vida como enfermera en un hospital, y donó su muñeca al Museo del Holocausto de los Estados Unidos.

United States Holocaust Memorial Museum - Collections

Página Primera

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Historia de nuestras Muñecas antiguas