Hospital de Muñecas
Teresa Martín vive en España, ella lleva varios años dedicada a la reparación de muñecas. Su oficio se mantiene gracias a quienes conservan en mal estado muñecas de época, que aun hoy, tienen un gran valor
“Una vez de pequeña en una revista vi una señora a la que entrevistaban.
Era una persona conocida, ahora no sabría decir quién era. Pero tenía una
habitación llena de muñecas antiguas con las caritas rechonchas de
porcelana, y desde entonces convertí en sueño el tener algún día una de
ellas”, cuenta Teresa Martín.
De a poco ese sueño pasó de fantasía a la realidad cuando por primera vez realizó la reparación de su primera muñeca. Con gran entusiasmo nos cuenta: “La primera vez que reparé una. Se le cayeron los ojos de una mala caída. Me dije, o la tengo siempre así sin ojos, o le abro la cabeza y miro haber qué hay ahí dentro. Con un miedo inimaginable, le quité la peluca, el casquete de cartón que llevaba pegado y observé cómo era aquel viejo mecanismo y la reparé.”
Así fue como se inició en este oficio, casi desaparecido como las muñecas de porcelana y paño. Lo que alguna vez fue un juguete deseado por las niñas, ahora es reemplazado por muñecas frías de plástico, seriadas y sin alma.
Teresa señala: “Hubo una época, sobre todo en Inglaterra, Alemania, Estados Unidos
y Argentina, donde proliferaban muchísimas clínicas de muñecas. Ahora somos
muy poquitos los que estamos dedicados expresamente a esta labor”.
El reacondicionamiento de una muñeca, dependiendo de su grado de deterioro, puede llevar desde pocas horas a semanas de reparación.
Teresa nos relata que le da pena recibir muñecas en mal estado. Pero al mismo tiempo da dos motivos que le dan un sentimiento de enorme alegría. “Muchas veces están así porque fueron objeto de juego de alguna niña y porque esté como esté, hay alguien que ha tomado interés para volver a darle su valor y su sitio en casa”, expresó. Con sus clientes, siempre queda un contacto y en muchos casos una buena amistad. De hecho el vínculo es la Muñeca que sirve como puente para relacionarlos.
Como anécdota, ella nos cuenta que hace no mucho tiempo recibió una muñeca para restaurar. Al remover el casquete de la cabeza, encontró que los ojos se encontraban en su lugar sostenidos sólo por papel de diario prensado. Al removerlo, no pudo contener su curiosidad y desenmarañó rápidamente aquellas arrugadas hojas de papel. Para su asombro databan del 16 de Mayo de 1906. Al leer las noticias se dio cuenta que las cosas no habían cambiado tanto, la gente seguía anunciando sus productos, yendo a las corridas de toros y el rey concediendo cruces al mérito militar. Para ella fue increíble remontarse a aquellos años y pensó que esa frágil muñeca sirvió como cápsula del tiempo.